ENACO NO COMPRA COCA, SOLO DECOMISA Y DEBE DESAPARECER
Noé Yenque
Estudios realizados revelan que la Empresa Nacional de la Coca (Enaco), sólo compra el 0.19% de hoja de coca en Aucayacu, lo que significa que esta empresa mantenida con los fondos públicos del pueblo peruano está imposibilitada de aplicar una política de desarrollo en beneficio del campesinado cocalero; por lo tanto esta empresa debería desaparecer, según versiones de los cocaleros de diversas cuencas: «Enaco no compra coca, sólo decomisa». Esto es una traba para la comercialización, industrialización y despenalización de la hoja de coca en el plano nacional e internacional. A pesar que esta empresa tiene el monopolio, no abastece el mercado de consumo nacional, ni se preocupa para promover la revalorización de sus propiedades benéficas: Nutritivas y medicinales contenidas en esta grandiosa planta que no es mala, sino es el mal uso que les da las empresas transnacionales para su propio beneficio.
Las políticas de Estado sólo beneficia a las empresas transnacionales como la «Coca cola» y penaliza el uso a sus verdaderos dueños, haciéndolos ver como narcotraficantes al campesinado cuando en realidad, los químicos usados para obtener la droga provienen de los laboratorios más grandes del mundo (Bayer, Monsanto, Pfizer); aunque se sabe que hoy se aplica tecnología de última generación , a través de presión atmosférica, se descomponen diversos principios activos de los vegetales, según datos de la Internet. ¡Frente a todo esto, los cocaleros deben luchar por una nueva Constitución! Vacancia de Gobierno.
INDUSTRIALIZAR COCA
La industrialización, despenalización y consumo es en la práctica lucha frontal contra el narcotráfico y su socio gemelo el imperialismo, disfrazado de organizaciones de desarrollo alternativo o desarrollo integral que lo único que busca es resquebrajar la unidad de las diversas comunidades en la costa, sierra y amazonía para crear las condiciones de intervenir militarmente y dominar las grandes extensiones de tierra ricas en portentosos recursos naturales.
Los diversos gobiernos locales, regionales y la población campesina deberían impulsar y fomentar en el campo el consumo y la industrialización de la hoja de coca por ser gran fuente proteínica para la salud según lo demuestra esta tabla nutricional:
La Hoja de Coca en la Literatura Nacional
«Soy el pichón de cóndor desplumado por latino arcabuz; y a flor de humanidad floto en los andes como un perenne lázaro de luz»
César Vallejo
La hojita verde de coca, desde más de 10,000 años está presente en la historia de nuestra patria tawantinsuyana- desde tiempos inmemoriales fiel testigo de mirar edificar monumentales obras entre los dientes de grandes arquitectos andinos se construyeron palacios admirables hoy ante los ojos del mundo occidental; recorriendo miles de kilómetros y cuestas latitudinales por todos los andes desde los moches, hasta los puquinos, desde los wari, hasta los chankas, desde los chimú hasta los ashaninkas es decir: costeños, amazónicos, quechuas y aymaras todos consumían la hoja de coca y lo sorprendente a nadie le hacía daño.
En la literatura nacional se encuentran varios vestigios del respeto a este grandioso vegetal, como la interrelación del hombre con la naturaleza como si fuese la hija mayor de la pachamama presente en las diversas ceremonias de representación de un pueblo digno basado en la reciprocidad, cuya base principal era el ayllu y este el amor a la tierra.
El rompimiento del tawantinsuyo como sistema político, económico y cultural apenas invadido por los facinerosos judíos españoles en 1532 desconfiguró la comunidad, pero nunca pudo desaparecerla, sobrevivió ese espíritu andino de amor, solidaridad y reciprocidad presente hoy en muchas comunidades de la Costa, Sierra y Selva en el sembrío y cosecha de su agricultura, en sus fiestas mestizadas, en la construcción y limpieza de canales de regadío, en la edificación de puentes, en la despedida final de los muertos. Nunca desapareció el chaccheo, el akullikuy, el boleo o la masticación de las hojas de coca y su consumo viene incrementándose no solo en los pueblos altoandinos, en las grandes ciudades donde la sangre andina ha logrado el mestizaje.
El consumo de la hoja de coca, como alimento y medicamento queda impregnado como un símbolo de resistencia, expresión de identidad cultural, política y económica de las diversas naciones, actualmente nos sirve de eslabón entre la unidad de lucha para proteger la planta de coca como patrimonio cultural de la nueva nación tawantinsuyana. Asumiendo la defensa en toda su magnitud, industrializarla, consumirla combatiendo el hambre y la desnutrición que acechan a nuestros pueblos, por la cantidad de nutrientes que contiene cómo el calcio vegetal que combinado con un carbohidrato se convierte en proteína de alto nivel, como lo demuestra las últimas investigaciones de la NASA, la calidad de fibras indispensables para el organismo. En las minas de Potosí, los mineros se internaban en los socavones para poder extraer la plata y luego lo embarcaban a España y finalmente terminaba en los bancos de los judíos ingleses, igualmente en la minas de Huancavelica los obreros mineros la chacchaban, era imposible el trabajo rudo sin chacchar hoja de coca, a tal grado se puede decir que sin la hojita verde de coca hubiese sido imposible el robo y saqueo de los minerales hace más de cuatro siglos en nuestra patria impuesta por los invasores extranjeros.
Así lo encontramos en la poesía de uno de los grandes genios que logró universalidad y que forma parte de nuestra herencia cultural: César A. Vallejo Mendoza en su poema de los Heraldos Negros.
Los arrieros
Arriero, vas fabulosamente vidriado de sudor.
La hacienda menocucho
Cobra mil sinsabores diarios por la vida.
Las doce. Vamos a la cintura del día
El sol que duele mucho.
Arriero, con tu poncho colorado te alejas,
saboreando el romance peruano de tu coca.
y yo desde una hamaca,
desde un siglo de duda,
cavilo tu horizonte, y atisbo, lamentando
por zancudos y por el estribillo gentil
y enfermo de una «paca-paca».
Al fin tú llegarás donde debes llegar,
Arriero, que, detrás de tu burro santurrón,
te vas…
te vas…
feliz de ti, en este calor en que se encabritan
todas las ansias y todos los motivos;
cuando el espíritu que anima al cuerpo apenas,
va sin coca, y no atina a cabestrar
su bruto hacia los andes
occidentales a la Eternidad.
César Vallejo – Obra poética Completa, pág. 53
Mozca Azul Editores
En el trajinar de los personajes vivos de las novelas de José María Arguedas, para combatir el terrible friaje que caracteriza a los pueblos altoandinos también chacchan hoja de coca; pero lo admirable está en la obra de Ciro Alegría: «El Mundo es Ancho y Ajeno» en el cuento «Goces y penas de la coca» nos dice:
«Los comuneros naturalmente conocían la dulce coca. Compraban las flagrantes hojas de color verde claro en las tiendas de los pueblos o alguno incursionaba para adquirirla a los cálidos valles donde se cultivan. Almacenarlas con cal, se endulzan y producen un sutil enervamiento o una grata excitación. La coca es buena para el hambre, para la sed, para la fatiga, para el calor, para el frío, para el dolor, para la alegría, para todo es buena. Es buena para la vida. A la coca preguntan los brujos y quien desee catipar; con la coca se obsequia a los cerros, lagunas y ríos encantados; con la coca sanan a los enfermos; con la coca viven los vivos, llevando coca entre las manos se van los muertos. La coca es sabia y benéfica».
El mundo es ancho y ajeno
– Ciro Alegría
Hoy la hoja de coca está satanizada por los dueños de la industria química farmacéutica mundial; pero se la utiliza como un saborizante de la transnacional Coca Cola, privándole el derecho de un pueblo a que le aproveche todos sus beneficios a través de industrializarla y consumirla. Contrariamente estas industrias del crimen organizado la utilizan con muchos químicos para droga, sometiendo a un pueblo digno para despojarlo de sus recursos naturales y económicos y arrebatarle sus tierras utilizando la intervención militar so pretexto del narcotráfico y toda una banda dedicada al desarrollo alternativo o desarrollo integral.
Frente a esta catástrofe nacional solo queda organizarnos para revalidar lo nuestro, estoy convencido que la hoja de coca ayudará en la unificación del pueblo, para la lucha final por la reivindicación de nuestra patria, hoy en manos extranjeras, administrada últimamente por pandillas niponas, norteamericanas, europeas al servicio de los intereses transnacionales; en desmedro de la población.
En la leyenda de la coca reza así:
«El pueblo Incaico estaba sometido al invasor blanco. El hombre regnícola del ande americano no era transplantado a otras funciones de la vida. No era el mitimae del Imperio que iba a civilizar fusionándose con otras culturas y modalidades de vida, enseñando0 los preceptos sabios de su raza y de su tiempo. No emigraba de la tierra para ser transplantado a la tierra. Hoy era arrancado de su cabaña pegada junto a su parcela para ser arrojado sin misericordia a las cavidades profundas de los cerros que albergaban en su seno riquezas ingentes. Allí los hombres del Imperio no sólo sentían la extenuación y el frío en el cuerpo, si no también en el alma. Era la mita y era el obraje. Este ultimo todavía humano porque en los patios solariegos de los palacios de la conquista, los hombres sometidos miraban el sol y calentábanse en las alegres mañanas de la sierra. Mientras que los hombres cerrados en las cavidades mineras eran sometidos a las extenuaciones y el espanto. La voracidad y el ansia de enriquecimiento eran febriles.
Debía arrancarse a la tierra sus vetas: el precio del dolor humano era poco si el propósito se lograba. España necesitaba veneros de oro y de plata para cubrir las grietas de sus guerras, el pago al esfuerzo del regnícola, no era el maíz tierno ni la papa dulce, era el potaje frió y desabrido; la chuchería sin objeto: medias de seda, espejos baratos, cascabeles y espejuelos. La deuda aumentaba porque el pago en esas especies era forzoso y en demasía, para obligar en esa forma al hombre a permanecer sometido para siempre. Era una modalidad avanzada de obtener la esclavitud comprada por la argucia.
Hoy que la fuerza impera y que en desesperante afán nuestro pueblo se somete o muere, esa trilogía debe usarse a la inversa. Terminó ese espacio de vida, hoy debemos tener la astucia del zorro y la visión del cóndor. Porque la mentira desorienta, debemos mentir. El robo disminuye y para que disminuyan las riquezas del blanco, debemos robar. La ociosidad no es constructiva, debemos trabajar lentamente, pausadamente, para que el inalcanzable afán de riquezas de los mistis sea lejano y desesperante. Para reforzar nuestro espíritu, debemos cambiar nuestra personalidad en esta lucha titánica de dos razas y de dos pueblos. Para ello debemos usar de una aliada y está es la hierba del prodigio que acaba de curarlos. Ella unirá nuestra raza con lazos eternos, como están encadenadas nuestras montañas; transformando nuestro espíritu sensible y convirtiéndolo en pétrea indiferencia. Con su sortilegio unirá a nuestra raza hermanándola en el dolor. El orgullo aplastado germinará, pero será una nueva clase de orgullo, apacible y contenido, que parecerá estoicismo o suprema indiferencia. Este cubrirá nuestro rostro, nuestros propósitos y nuestras acciones, preservando nuestra vida eternamente. Y cada vez que masquemos esta hoja del prodigio sentiremos el eterno placer del consuelo, calmando el dolor insufrible de la vida. Sufriremos callados, contenidos estoicos con esa serenidad agreste pero fuera del ande.»
Leyendas Andinas de Hernán Velarde Vargas
CASA EDITORA SANMARTI Y CIA S.A.
En la lucha final, el campesino agricultor que cultiva la Hoja de Coca lo primero que tiene que hacer es unirse con el único fin de defenderla, por ser parte del patrimonio histórico cultural de la nación andina ancestral y como parte integrante de la nueva nación en formación. Al estar unido el pueblo cocalero, debe plantear la organización para promover el uso, la comercialización e industrialización de este grandioso alimento: architónico del reino vegetal, dejando atrás la condena a la cual está sometido el pueblo y el arbusto de Coca en la convención de viena o de las naciones unidas en 1961. «Kausachum Coca» Jallallai Coca.
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