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Consideremos el caso de la coca |
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Escrito por Dr. Andrew Weil
Estados Unidos - 2006
Consideremos el caso de la coca:
Desde la antigüedad las hojas de coca eran cosas sagradas entre los indígenas de la Cordillera de los Andes. Regalos de los dioses al hombre para mejorar la vida humana.
Leemos que nadie podía entrar en un templo incaico sin coca en la boca, que un hombre muriendo fuera asegurado de un lugar en el cielo si pudiera apreciar el sabor de las hojas.
He estudiado personalmente los usos de coca en los Andes y en el Amazonas por unos años y estoy convencido que en forma natural esa planta mágica y sagrada no hace daño al cuerpo, ni forma un hábito como los del café y el tabaco. Cuando se prepara con respeto y conciencia por el poder contenido en la hoja, la coca puede servirnos bien como estimulante útil, remedio natural y sustancia mágica para cambiar el estado mental.
Pero, ¿qué hacemos hoy con esta planta? La mayoría de las hojas son tratadas con sustancias químicas fuertes para refinarlas en cocaína, un polvo blanco que es estimulante bien fuerte pero que no tiene los efectos terapéuticos de la hoja de coca. Claro que la cocaína es un principio activo de la hoja entera, pero no es todo. Sabemos que la coca contiene alrededor de 20 alcaloides. La acción beneficiosa de la coca no resulta de algún alcaloide sino de la interacción cooperativa de todos. Sacar la cocaína de la hoja no es mostrar respeto a la Planta ni a la Naturaleza. La cocaína aislada presenta problemas para nosotros; es muy difícil de controlar su uso porque es agradable y parece dar energía al organismo cuando en realidad solamente libera energía ya acumulada en el sistema nervioso, por eso después del período de estimulación sobreviene un gran letargo que motiva tomar más cocaína.
Con la hoja entera (como Planta Mágica) estos problemas nunca aparecen, porque las demás sustancias de la hoja sirven como un aislamiento natural, protegiéndonos del potencial peligroso de la cocaína. Así podemos ver la sabiduría de la Naturaleza y la razón de respetar sus regalos, en vez de meterse con ellos; como médico lamento mucho que la medicina de hoy use exclusivamente polvos blancos, muy lejanos de los remedios verdes naturales.
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